miércoles, 19 de noviembre de 2008

Aquello...

Por momentos, por instantes, uno casi puede sentir elevarse del suelo. Un estado de extraña perfección que te hace levitar y notar que pesas más mientras tú te alzas levemente. Quizá sean escasos centímetros pero, efectivamente, te elevas. Tu mente se vacía, se nubla y se deja empapar por el ambiente. Tu sensibilidad se agudiza y puedes notar como las vibraciones de los bajos penetran por las yemas de tus dedos. No quieres moverte, ni interrumpirlo. Buceas sin moverte, dejándote marchar a la deriva. El ritmo te ha poseído y no quieres salir. Cierras los ojos y sonríes sin evitarlo: te ha alcanzado la felicidad y quieres otra copa. Quieres desaparecer más en esa suave oscuridad que te mece lentamente. Ya no eres tú, te has convertido en el ente original que siempre anhelabas ser. Te has alejado de ese algo corpóreo que ríe al oir algo gracioso, reacciona a los estímulos y gesticula automáticamente. Ahora, has logrado notar tu existencia. Y allí postrado, ligeramente por encima del todo, has alcando ese eterno downstream. De repente, avecinado por la intuición, empiezas a sentir algo agradablemente punzante que se introduce en tu cerebro, que se desata y te agita el alma. Ha llegado el solo como electricidad que te domina a su merced. Necesitas sentir más y quieres que el narcótico alcohol continúe fluyendo por tus venas un tanto más.

Necesitas seguir allí, postrado, para saber que, en ese momento, en aquel lugar, has llegado a alcanzarlo.

martes, 18 de noviembre de 2008

¡Bienvenidos!

Aquí comienzo el que constituye mi primer blog. La creación del título del mismo ya me ha conducido a un pequeño quebradero de cabeza. Tan sólo decir que en un principio se llamó "El mausoleo granate", título elegante pero tétrico que luego evolucionó a "El Orinal de Oro" que finalmente, y tras duras críticas y amenazas de censura, terminó denominándose "Retales de Rubik". No es a mí, sino al lector a quien corresponde interpretar su significado ya que eso, queridos amigos, es el significado de la poesía. Veamos cómo comienza y cómo termina.

De este modo y, como dijo Quevedo, libremos al lector de largos prólogos y pasemos directamente al tema (cuya naturaleza aún desconozco).


Abrazos