-¿Sabe por qué soy tan feliz, señora? Porque hago mucho el amor.
Y el autobús frenará de nuevo en la misma parada y, balanceádose, el andrajoso guiñapo se precipitará al exterior y, una vez fuera, durante un instante, se volverá hacia ti y te mirará y saludará ladeando un ápice la cabeza, conociéndote mejor de lo que te ha conocido nadie, incluso tú a ti mismo. Y será entonces, entonces únicamente, cuando alguna vieja, sentada en su asiento aferrada a su bolso, mirará desde sus cristales escépticos cual lechuza relamida y acallará ese deplorable comportamiento entre su grupo de conocidas, untando con tácito ungüento aquel lance que invitaba a mirar al abismo.
-Se siente demasiado solo, ¡qué pena!
Pero quién sabe. Será quizá después, cuando inexorablemente pasen los meses y los años y suceda que, tal vez, esa lúcida mirada sea la que llegue a apoderarse de nuestro rostro y sean otros los viandantes o ciudadanos, otros hombres, los que nos miren avergonzados o perplejos a través del cristal. Y entonces, sonriendo paternalmente, serán nuestros los divinos ojos los que miren directos a los suyos sabiéndonos ya conocedores, dentro de nuestra locura, de aquella verdad absoluta.
"La razón de la sinrazón que a mi razón se hace"
Miguel de Cervantes

1 comentario:
...es tal que a mi razón enflaquece/ que con razón me quejo"
Despierta!
Publicar un comentario