_"¿Cómo ésta?" Pregunta con las comisuras de los labios comenzando a ascender en un gesto simpático y casi paternal.
_"Sí... no sé. No hay más que ver sus caras, sus actitudes, sus modos... Ellos tienen sus intereses, yo los míos. Somos diferentes. No somos todos iguales. Ellos son como son. Supongo que es una pena pero es así."
_"Creo que ya sé a lo que te refieres" Y haciendo una pausa, antes de continuar, Gilbert agarra su vaso de pinta tostada llena hasta la mitad con su gruesa mano y la termina, con sorprendente presteza, en un par de tragos. "¡Ah! Siempre he pensado que la verdadera Universidad es la buena conversación con una cerveza al lado... Bueno, vayamos ahora contigo. Acabas de conocerme pero te diré que el hombre con el que estás charlando en estos momentos es terriblemente... supersticioso podríamos decir. Te lo diré con la confianza con la que se dicen las cosas dos personas que se acaban de conocer: creo firmemente en el diablo. ¡El diablo está por todos lados! Entre ellos... cerca de nosotros, acechándonos... o incluso ahora dentro de ti mismo. En todo momento busca penetrar en nosotros y encauzarnos hacia fines espurios. Y espero que no pienses con ello en ese personajillo rojo que con cuernos, cola y tridente te persigue para que ardas en el infierno pinchándote como un emparedado. Me refiero al demonio, a lucifer, ¡a satanás!". Espetó el enorme hombre poniéndo especial énfasis abriendo sus pequeños ojos tras sus anteojos victorianos, pero sin abandonar el tono, entre cómico y serio, que había dominado todo su discurso. "Por cierto, cuando hablabas antes de ellos ¿Te referías algo así como que de alguna manera son individuos inferiores, vulgares, débiles quizá?"
_"No me gusta descalificar a nadie pero sí, supongo se podría llamar así. Gentes como estas abundan por doquier. No digamos débiles, digamos... gente corriente. Sí, gente vulgar, la gente digamos normal. Extraños en alguna forma. Ellos tienen sus intereses, muy respetables supongo, pero yo me siento alejado de todo ello. Por eso te digo que no podría vivir toda mi vida entre gente así. Ortega y Gasset hablaba del hombre masa... algo así. Tampoco llego a lo del superhombre de Nietzsche... pero vamos"
_"¡Bah! Nietzsche siempre ha sido un hombre de lo más molesto... particularmente molesto debo decir. ¡Dichosa sociedad que se hace llamar moderna y que no hace más que andar hacia atrás cada vez más! Estás tan perdido en ti mismo y en el mundo como lo están todos los que se hallan detrás nuestro y que tanto criticas... o casi todos. Alguno queda todavía resistente al bramar bravucón de la ola moderna, especímenes raros sin duda, pero existentes. O quizá ya ni eso, tal vez ya no quede más que el destello ocasional. Una luz lejana y fugaz; anhelo rutilante de una estrella muerta hace eones..." Ahora el gran hombre se levanta y encara su enorme figura hacia el multitudinario objeto del discurso. Al levantarse del taburete descubre su vestimenta: un traje negro, elegante pero extraño, salteado de divertidos ribetes azulados y coronado con una pajarita de tonos rojizos, formando todo una estampa de lo más imaginativa. Extiende sus gruesos brazos formando un amplio arco que abre hasta dejarlos caer, de nuevo, sobre su redonda barriga antes de emitir un corto pero hondo suspiro, antesala de la declamación. "Míralos. Están tan perdidos que carecen de respuestas auténticas y van saltando de solución en solución, cada una más estrambótica, absurda y rebuscada que la anterior. Son gente acomodada, que vive en sí misma. Han perdido la noción de la magia de lo cotidiano y buscan esa magia en lugares ocultos e hinóspitos. Salen de su casa y recorren miles de kilómetros y lugares en busca de su hogar. Van a un país exótico de nombre extraño para salvar a la última especie en peligro de extinción o evitar la tala del último árbol del Amazonas pero hace tiempo que no se preocupa por la altura del césped de su jardín, ni sabe como se llaman los árboles que embellecen su barrio. Aunque desconocen el nombre de su vecino, salen impulsivamente de su casa para ayudar al pobre niño africano que acaban de ver en las noticias en un afán solidario por entender y combatir el sufrimiento ajeno. Entienden el matrimonio sólo en la medida en que existe el divorcio. Encienden un cigarrillo y en seguida apagan la cerilla sin pararse a contemplar el encanto del fuego que tenían entre sus manos. Hacen planes rimbombantes, construyen edificios descomunales, desarrollan teorías complejas hasta para la cocina que llaman 'de diseño' y, sin embargo, nunca se han parado de verdad a contemplar la fantástica forma de una lechuga. Todo cada vez más rápido, vertiginoso. Sólo tratan a la gente que les es grata y cómoda y no se paran a discutir sus diferencias, lo que de verdad piensan y defienden, con el carnicero o el frutero con el que se topan a diario. ¿Tu has nacido alguna vez?"
_"Me imagino que es una pregunta retórica", respondes con rapidez.
_"Obviamente en el sentido en que estás pensando, pero no en el sentido que yo busco. Bien, ¿qué es nacer sino aparecer de pronto entre un grupo de extraños que te abordan efusivamente y a los que tú no conoces de nada? Personas con las que tú pareces no tener en principio la más mínima relación y vínculo inicial aparente pero que después resultan ser maravillosas para ti. Una mujer te recibe con lágrimas en los ojos de emoción, otro hombre te mira con ternura y te ataca directamente colmándote de atenciones de toda clase, otra pareja normalmente más torpe te busca, encuentra y comienza a acosarte diciendo ser tus tíos, y así un desfile de tamaño variable en función de cada individuo. Pues bien, podríamos decir que de alguna manera ¡estamos naciendo continuamente! Cada mañana nos cruzamos con alguien desconocido, nos sentamos al lado de alguien y ni siquiera le miramos a los ojos y le saludamos. Bien cierto es que se hace un ejercicio imposible en estas grandes urbes. Ese es un particular aspecto que yo, personalmente, cambiaría en la organización de los barrios de las ciudades. Pero eso ya es harina de otro costal."
_"Bueno... ¿Y?"
_ "¿Cómo que 'Y'? Maldito terco ¡Mira a tu alrededor! Mira a la cara a esos a los que crees masa u hombres inferiores. Apiádate por ellos. Ellos han visto algo que tu no has visto, has captado algo que ha ellos no les llega. Díselo, ¡házselo ver! Uno tiene la obligación de darse a conocer a los que tiene al lado. Ya has visto su rostros entristecidos, faltos de ánimo, faltos de verdad. Enseñales esa luz oculta que sólo tu conoces, no rehúyas de ellos sólo porque ellos no lo han captado, no te sientes en ese acolchado asiento junto con uno de esos molestos grupos de déspotas intelectuales que sólo saben mirar altivamente, enunciar en voz alta la frase compleja y sofisticada de turno, e irse a su casa tan escocidos como lo han estado toda su vida. La respuesta a todo quizá venga de un aire etéreo algo difícil de apreciar de primeras pero sin duda ¡hay que creer en la verdad! Sólo hay que tener un poco de fe en las personas", termina diciendo, con una clara sonrisa llena de vida, optimismo y humanidad.
Y por tu parte, en una respuesta de alguna manera esperada, como Woody Allen en Manhattan, al final no puedes más que mirar a cámara y sonreír en un gesto evidente de apiadado sarcasmo.
<<El escepticismo es el camino previo a la fe>>
Oscar Wilde (famoso escritor moderno de frases tan falsas como ciertas)

1 comentario:
Mi oficio, mi trayectoria y mi reputación me obligan a soltar la frase compleja y sofisticada de turno:
"No hay mayor soberbia que la falsa modestia"
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